Frío y la cara empapada en llanto era lo único que sentía mientras
caminaba rápido por la acera dejando atrás el café donde nos encontramos, sabía
que la escena se vería novelesca, pero ésta era mi vida real. Caminaba mientras
él iba detrás de mí para detenerme, me cogió el brazo para no dejarme escapar y
a la fuerza me dio un abrazo, mi reacción fue alejarlo de mí bruscamente, nos
vimos a los ojos por unos segundos y solo alcance a escuchar un “perdóname”,
mientras le di la espalda y seguí mi camino.
Eran aproximadamente las 11:30 a.m. de ese día, tome un bus y me seque
las lágrimas, sabía que la historia había acabado y no fue un final feliz, en
realidad pocos finales sentimentales son felices, lo que vendría de ahí en
adelante era incierto, pero sabía que el dolor no podía nublar el resto de
cosas que quería con mi vida, fue duro, lo reconozco, pero bien dicen que lo
que no te mata te hace más fuerte.
El celular no paraba de timbrar, me marco mil veces pero jamás
contesté. El orgullo; no que va, eso no es orgullo, es amor propio, y eso era
más fuerte que cualquier cosa que pudiera sentir.
Me crie en un matriarcado y ahí entendí que ser mujer es más que
suficiente para conseguir la felicidad. Muchas cosas se fueron al piso,
teníamos planeado irnos al exterior, vivir juntos en otro lugar, pero aquella
mujer no fue la gota que rebozó la copa, los problemas ya llenaban toda la
cristalería.
Él y yo vivíamos juntos como en un pequeño escondite secreto, teníamos
rentado un apartamento donde las locuras de cada fin de semana se hacían
realidad, era algo así como volver realidad el viejo concepto de sexo, drogas y
rock and roll. Pero los excesos siempre son malos, había ocasiones en las que
yo no conocía ni a los invitados de las fiestas, no sabía qué sustancia estaban
consumiendo y ni quién era la mujer medio desnuda que dormía o estaba casi inconsciente
en el sofá, él trabajaba como realizador audiovisual y ese medio está mucho más
podrido que el publicitario, actrices, directores, productores y un sinfín de
gente freak llenaban mi tiempo y espacio cada viernes, sábado y domingo, a veces uno que otro día a la semana.
No soy tonta, esto debió haber terminado hace tiempo, la estocada
final ya estaba dada, yo no compartía su estilo de vida mientras tuviera que
compartir también su cama.

No hay comentarios:
Publicar un comentario