Bienvenidos al #ProyectoCereza saboreen entre líneas la receta que aún estoy buscando para cambiar de vida. Me críe publicista pero un conflicto en mi cabeza dice que estoy en el lugar equivocado.
martes, 25 de junio de 2013
domingo, 23 de junio de 2013
Reconocer
Zapatos, pantalón, blusa, maquillaje, peinado, cartera, todo listo para cumplir con la cita tan esperada. Salí de mi casa con el corazón en la mano, dispuesta a tirarlo junto a un gato callejero para que lo dejara sin vida como si fuera una paloma herida que no puede luchar por sobrevivir, quería matar lo que sentía, quería tener noches tranquilas, no quería despertar de nuevo y que la imagen del centro comercial me llenara de rabia, quería devolver el tiempo, y decirle que "no" a su propuesta de volvernos novios de hace algunos años.
En algún momento supe que había sido un error, él y yo nos conocimos en la época universitaria, eramos demasiado jóvenes para saber qué significaba querer a alguien, pero demasiado viejos para no haberlo intentado nunca, fue en la fiesta de cumpleaños de una amiga que se celebraba en la casa de sus papás donde nos vimos por primera vez, lo que yo llamo la primera coincidencia, ni él ni yo hubiéramos ido a ese lugar de no ser por personas en común que nos llevaron y fuimos por puro compromiso, yo vestía una falda escocesa y medias negras de lana, él una camiseta que me causo más curiosidad que su presencia, yo la reconocía, tenía impresa una imagen de mi banda favorita, cuando lo vi por primera vez nunca me impactó, pero su camiseta sí, algo curioso pero así empezó todo, la música fue nuestra segunda coincidencia.
Si mal no lo recuerdo fue por su ropa que empezamos a hablar, su nombre es igual que el mío, solo que en versión masculina, tercera coincidencia. "¿Un cigarrillo?", me preguntó mientras me ofrecía su cajetilla abierta, acepté y fue delicioso, eramos adolescentes y esas cosas encantan, la fiesta comenzó y la gente empezó a bailar, en seguida me preguntó: - ¿Bailas?, le respondí que no, que no me gustaba, y dijo que a él tampoco, cuarta coincidencia, la noche fue perfecta mientras veíamos a los otros emborracharse y bailar, pero ahí estábamos nosotros, fumando cigarrillos y tomando cervezas, hablando de nuestras vidas y de la música que nos gustaba, yo empecé de niña a escuchar rock, y me apasione por la música (Ven cómo nada es coincidencia, una cosa lleva a la otra, y así se encadenan los hilos que soportan la vida de cada quien), luego por la cerveza y en seguida por los cigarrillos.
Cuando todos cayeron borrachos, nos dejaron el espacio musical para nosotros, así que pusimos los temas que quisimos y terminamos besándonos, como si una conexión extraña nos hubiera llevado a esa noche, a ese lugar y a esa hora.
Hora que ya terminaba, porque mi amiga me dijo que ya era el momento de dormir y él debía irse, ni siquiera me pidió el número telefónico, nos despedimos con un beso y ahí terminó la noche. Me acosté en la cama de mi amiga, con unos tragos en la cabeza pero mágicamente feliz, tiempo después, entre amigos, clases y fiestas nos conocimos más, hasta que una noche me contó por qué había ido a esa fiesta, desde pequeño tuvo problemas con el alcohol, más exactamente desde los 12 años, su mamá se dio cuenta de una fiesta que había hecho mientras ella estaba de viaje, y esa noche lo habían echado de casa, no tenía a dónde ir, solo a la fiesta que un amigo en común de los dos lo invitó. Desde esa confesión, miles de cosas empezaron a cambiar para mi y muchos años siguientes en mi historia.
En algún momento supe que había sido un error, él y yo nos conocimos en la época universitaria, eramos demasiado jóvenes para saber qué significaba querer a alguien, pero demasiado viejos para no haberlo intentado nunca, fue en la fiesta de cumpleaños de una amiga que se celebraba en la casa de sus papás donde nos vimos por primera vez, lo que yo llamo la primera coincidencia, ni él ni yo hubiéramos ido a ese lugar de no ser por personas en común que nos llevaron y fuimos por puro compromiso, yo vestía una falda escocesa y medias negras de lana, él una camiseta que me causo más curiosidad que su presencia, yo la reconocía, tenía impresa una imagen de mi banda favorita, cuando lo vi por primera vez nunca me impactó, pero su camiseta sí, algo curioso pero así empezó todo, la música fue nuestra segunda coincidencia.
Si mal no lo recuerdo fue por su ropa que empezamos a hablar, su nombre es igual que el mío, solo que en versión masculina, tercera coincidencia. "¿Un cigarrillo?", me preguntó mientras me ofrecía su cajetilla abierta, acepté y fue delicioso, eramos adolescentes y esas cosas encantan, la fiesta comenzó y la gente empezó a bailar, en seguida me preguntó: - ¿Bailas?, le respondí que no, que no me gustaba, y dijo que a él tampoco, cuarta coincidencia, la noche fue perfecta mientras veíamos a los otros emborracharse y bailar, pero ahí estábamos nosotros, fumando cigarrillos y tomando cervezas, hablando de nuestras vidas y de la música que nos gustaba, yo empecé de niña a escuchar rock, y me apasione por la música (Ven cómo nada es coincidencia, una cosa lleva a la otra, y así se encadenan los hilos que soportan la vida de cada quien), luego por la cerveza y en seguida por los cigarrillos.
Cuando todos cayeron borrachos, nos dejaron el espacio musical para nosotros, así que pusimos los temas que quisimos y terminamos besándonos, como si una conexión extraña nos hubiera llevado a esa noche, a ese lugar y a esa hora.
Hora que ya terminaba, porque mi amiga me dijo que ya era el momento de dormir y él debía irse, ni siquiera me pidió el número telefónico, nos despedimos con un beso y ahí terminó la noche. Me acosté en la cama de mi amiga, con unos tragos en la cabeza pero mágicamente feliz, tiempo después, entre amigos, clases y fiestas nos conocimos más, hasta que una noche me contó por qué había ido a esa fiesta, desde pequeño tuvo problemas con el alcohol, más exactamente desde los 12 años, su mamá se dio cuenta de una fiesta que había hecho mientras ella estaba de viaje, y esa noche lo habían echado de casa, no tenía a dónde ir, solo a la fiesta que un amigo en común de los dos lo invitó. Desde esa confesión, miles de cosas empezaron a cambiar para mi y muchos años siguientes en mi historia.
jueves, 20 de junio de 2013
Una pausa
No esperar, la vida es cada segundo que acabó de pasar
mientras me estás leyendo, es este parpadeo, es el minuto que vendrá y que no
se va a volver a repetir, eso lo aprendí de mí día a día, hubiera podido pasar
por alto sus llamadas, o escucharlo, hice un balance entre lo que sentía, entre
nuestro pasado, entre lo que había visto y en la forma como yo cierro los
capítulos de mi vida, me gustan los finales, felices o no, me gustan las
conclusiones, de ahí es de donde se sacan moralejas, así que me decidí ponerle
una cita y escucharlo, pero no iba a ser así de fácil, ya saben, algo de
suspenso es bueno durante el drama.
No le conteste por más mensajes que dejo, no lo busqué, lo
alejé de mis pensamientos como pude, sabiendo que es muy difícil cuando se
siente tanto, pero era justo, lo era para mí y mi mente, calculé un mes exacto,
un mes en el que me ocupé de mí, no quería estar con el amante de turno que me
había encontrado unos días atrás, no es mi estilo, solo fuimos mis pensamientos
y yo, hice lo que me gustaba, por simple hedonismo, me gusta el cine, así que
lo disfrute sola y acompañada, me gusta comer, así que me di gustos entre
muchos sabores, me gusta estar con la gente que quiero, así que llame a mis
amigos y amigas, nos vimos con algunos y nos tomamos un café o solamente tuvimos una
conversación por celular o chateamos en Facebook, fue un mes para mí y mi vida, tal y como solía ser sin él, era una prueba para darme cuenta que eso vale más que un hombre a mi lado.
De la nada y calculando los 30 días calendario, marque a su
número de celular que aún guardaba en la memoria del mío, me respondió con voz
de asombro, le dije que ya era el momento, que debíamos hablar, que la ira se
me había escapado entre recuerdos y quería saber si aún le interesaba la
conversación pendiente que teníamos. Su respuesta fue un sí, una hora y un
lugar pactados para resolver la situación.
lunes, 17 de junio de 2013
Sentir
Dormir después de una fiesta y una noche "de copas, una noche loca", es el mejor alivio para el cuerpo pero no para la cabeza, en mis pensamientos solo estaba esa llamada que mi ex me había hecho, y si yo tengo un defecto, es el de darle mucha trascendencia a las cosas, cada cosa, buena o mala, me afecta mucho mi día.
Así que fue el momento de silencio y soledad en mi casa el que estallo todo lo que sentía, amanecer en una cama a la que no volveré, tener el corazón roto y una herida en el pie que me lo recuerda, me tenían vuelta mierda.
¡Mi herida!, por andar en tantas cosas locas no me di cuenta lo horrible que tenía los puntos, no habían pasado aún los ocho días para que me los quitaran, pero yo la veía abierta, no lucía bien y me dolía, mi mejor solución fue llamara a un tío médico que vivía cerca para saber si estaba de turno o en su apartamento y saber si me podía ver el pie.
Para mi suerte estaba descansando, como pude me fui a visitarlo. Al ver mi herida lo primero que hizo fue preguntarme - ¿Has estado tomando? -, era evidente que no lo podía negar, con la resaca que tenía, en la cara se me notaba la noche que había pasado, además me puse a bailar y hacer maromas en cama ajena; le respondí con la cabeza que si, y que además había caminado mucho, me receto un par de pastas y mucho descanso, en lo posible, no mover el pie.
Cruzamos un par de palabras, con mi familia la relación no es muy cercana, así que pedí un taxi y regrese a mi casa. Cuando llegué mi mamá estaba ahí, le conté lo del pie y me dijo que mi ex había vuelto a llamar.
El día ya estaba terminando, y en mi cabeza no podía sacarme la escena del centro comercial, la que les conté en posteos anteriores, eso me dolía más que cualquier herida abierta, las heridas físicas pasan y se curan rápido, a comparación de un dolor que me duró bastante tiempo. La pregunta ahora es: ¿Le doy un chance de escucharlo, o mejor dejo todo así?
Así que fue el momento de silencio y soledad en mi casa el que estallo todo lo que sentía, amanecer en una cama a la que no volveré, tener el corazón roto y una herida en el pie que me lo recuerda, me tenían vuelta mierda.
¡Mi herida!, por andar en tantas cosas locas no me di cuenta lo horrible que tenía los puntos, no habían pasado aún los ocho días para que me los quitaran, pero yo la veía abierta, no lucía bien y me dolía, mi mejor solución fue llamara a un tío médico que vivía cerca para saber si estaba de turno o en su apartamento y saber si me podía ver el pie.
Para mi suerte estaba descansando, como pude me fui a visitarlo. Al ver mi herida lo primero que hizo fue preguntarme - ¿Has estado tomando? -, era evidente que no lo podía negar, con la resaca que tenía, en la cara se me notaba la noche que había pasado, además me puse a bailar y hacer maromas en cama ajena; le respondí con la cabeza que si, y que además había caminado mucho, me receto un par de pastas y mucho descanso, en lo posible, no mover el pie.
Cruzamos un par de palabras, con mi familia la relación no es muy cercana, así que pedí un taxi y regrese a mi casa. Cuando llegué mi mamá estaba ahí, le conté lo del pie y me dijo que mi ex había vuelto a llamar.
El día ya estaba terminando, y en mi cabeza no podía sacarme la escena del centro comercial, la que les conté en posteos anteriores, eso me dolía más que cualquier herida abierta, las heridas físicas pasan y se curan rápido, a comparación de un dolor que me duró bastante tiempo. La pregunta ahora es: ¿Le doy un chance de escucharlo, o mejor dejo todo así?
miércoles, 5 de junio de 2013
Una y otra vez
A la mañana siguiente me desperté con un casi desconocido al lado, si
es que dos días de conversaciones y una noche en su cama se convierte en una
poco convencional forma de conocer a alguien. Al levantarme para mirar la hora
en mi celular, vi un mensaje de voz y unas cuantas llamadas perdidas, era lo
que me temía, mi ex iba a pedir cacao, así que me encerré en el baño haciéndome
la que se iba a alistar para irse, escuche su voz diciendo que quería hablarme,
que sabía que era un cobarde, pero que igual quería que nos viéramos, no supe
qué hacer, si sentirme mal, si mandarlo todo a la mierda, si cambiar mi número
para que no volviera a llamar o si ponerme a llorar, lo único que hice y lo más
prudente por el momento era volver a casa.
En el camino iba recordando todo lo relacionado con los últimos días,
la forma cómo llegue a descubrir una mentira que había estado construyendo por
años, el hecho de que la tecnología ahora nos
hace paranoicos celosos y sospechosos, pero lo peor es que a la final
eso sea cierto, sabía que el ideal de volverme una completa puta, no iba para
ningún lado, como dice un amigo “uno se baña al otro día, y vuelve a ser el
mismo”, no me sentí mal, pero sentí como si no hubiera pasado nada, o algo sin
importancia, sentí que era más importante lo que había pasado en ese centro
comercial, que una noche de tragos y una mañana extrañando mi cama queriendo
salir de otra para no volver.
Al llegar a casa estaba de nuevo sola, y el contestador tenía el botón
de mensaje titilando, lo oprimo o no, me acerqué al aparato para verlo de cerca
mientras me quitaba la chaqueta, le di “play” y ahí estaba su voz de nuevo,
diciéndome lo mismo “llámame”, no quería, entre a la ducha y me quite el olor a
sexo de la noche anterior.
De nuevo el celular timbraba y ahora yo estaba consiente para responder, lo tome
en mis manos hasta que paro de timbrar, pasaron un par de segundo y una vez más una llamada del mismo número, era
ahora el momento de responder, clic en el botón verde y un “aló”, la
conversación no duró más de tres minutos, y me dijo que ya era obvio - Quiere verte
-, me respuesta fue un – Pero yo a ti no -, dijo que lo entendía, pero que no
iba a descansar hasta que nos viéramos y me explicara todo, colgué el celular
sin decir adiós y me fui a dormir muy a las 12 de la tarde, mañana será otro día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




