No esperar, la vida es cada segundo que acabó de pasar
mientras me estás leyendo, es este parpadeo, es el minuto que vendrá y que no
se va a volver a repetir, eso lo aprendí de mí día a día, hubiera podido pasar
por alto sus llamadas, o escucharlo, hice un balance entre lo que sentía, entre
nuestro pasado, entre lo que había visto y en la forma como yo cierro los
capítulos de mi vida, me gustan los finales, felices o no, me gustan las
conclusiones, de ahí es de donde se sacan moralejas, así que me decidí ponerle
una cita y escucharlo, pero no iba a ser así de fácil, ya saben, algo de
suspenso es bueno durante el drama.
No le conteste por más mensajes que dejo, no lo busqué, lo
alejé de mis pensamientos como pude, sabiendo que es muy difícil cuando se
siente tanto, pero era justo, lo era para mí y mi mente, calculé un mes exacto,
un mes en el que me ocupé de mí, no quería estar con el amante de turno que me
había encontrado unos días atrás, no es mi estilo, solo fuimos mis pensamientos
y yo, hice lo que me gustaba, por simple hedonismo, me gusta el cine, así que
lo disfrute sola y acompañada, me gusta comer, así que me di gustos entre
muchos sabores, me gusta estar con la gente que quiero, así que llame a mis
amigos y amigas, nos vimos con algunos y nos tomamos un café o solamente tuvimos una
conversación por celular o chateamos en Facebook, fue un mes para mí y mi vida, tal y como solía ser sin él, era una prueba para darme cuenta que eso vale más que un hombre a mi lado.
De la nada y calculando los 30 días calendario, marque a su
número de celular que aún guardaba en la memoria del mío, me respondió con voz
de asombro, le dije que ya era el momento, que debíamos hablar, que la ira se
me había escapado entre recuerdos y quería saber si aún le interesaba la
conversación pendiente que teníamos. Su respuesta fue un sí, una hora y un
lugar pactados para resolver la situación.

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