Zapatos, pantalón, blusa, maquillaje, peinado, cartera, todo listo para cumplir con la cita tan esperada. Salí de mi casa con el corazón en la mano, dispuesta a tirarlo junto a un gato callejero para que lo dejara sin vida como si fuera una paloma herida que no puede luchar por sobrevivir, quería matar lo que sentía, quería tener noches tranquilas, no quería despertar de nuevo y que la imagen del centro comercial me llenara de rabia, quería devolver el tiempo, y decirle que "no" a su propuesta de volvernos novios de hace algunos años.
En algún momento supe que había sido un error, él y yo nos conocimos en la época universitaria, eramos demasiado jóvenes para saber qué significaba querer a alguien, pero demasiado viejos para no haberlo intentado nunca, fue en la fiesta de cumpleaños de una amiga que se celebraba en la casa de sus papás donde nos vimos por primera vez, lo que yo llamo la primera coincidencia, ni él ni yo hubiéramos ido a ese lugar de no ser por personas en común que nos llevaron y fuimos por puro compromiso, yo vestía una falda escocesa y medias negras de lana, él una camiseta que me causo más curiosidad que su presencia, yo la reconocía, tenía impresa una imagen de mi banda favorita, cuando lo vi por primera vez nunca me impactó, pero su camiseta sí, algo curioso pero así empezó todo, la música fue nuestra segunda coincidencia.
Si mal no lo recuerdo fue por su ropa que empezamos a hablar, su nombre es igual que el mío, solo que en versión masculina, tercera coincidencia. "¿Un cigarrillo?", me preguntó mientras me ofrecía su cajetilla abierta, acepté y fue delicioso, eramos adolescentes y esas cosas encantan, la fiesta comenzó y la gente empezó a bailar, en seguida me preguntó: - ¿Bailas?, le respondí que no, que no me gustaba, y dijo que a él tampoco, cuarta coincidencia, la noche fue perfecta mientras veíamos a los otros emborracharse y bailar, pero ahí estábamos nosotros, fumando cigarrillos y tomando cervezas, hablando de nuestras vidas y de la música que nos gustaba, yo empecé de niña a escuchar rock, y me apasione por la música (Ven cómo nada es coincidencia, una cosa lleva a la otra, y así se encadenan los hilos que soportan la vida de cada quien), luego por la cerveza y en seguida por los cigarrillos.
Cuando todos cayeron borrachos, nos dejaron el espacio musical para nosotros, así que pusimos los temas que quisimos y terminamos besándonos, como si una conexión extraña nos hubiera llevado a esa noche, a ese lugar y a esa hora.
Hora que ya terminaba, porque mi amiga me dijo que ya era el momento de dormir y él debía irse, ni siquiera me pidió el número telefónico, nos despedimos con un beso y ahí terminó la noche. Me acosté en la cama de mi amiga, con unos tragos en la cabeza pero mágicamente feliz, tiempo después, entre amigos, clases y fiestas nos conocimos más, hasta que una noche me contó por qué había ido a esa fiesta, desde pequeño tuvo problemas con el alcohol, más exactamente desde los 12 años, su mamá se dio cuenta de una fiesta que había hecho mientras ella estaba de viaje, y esa noche lo habían echado de casa, no tenía a dónde ir, solo a la fiesta que un amigo en común de los dos lo invitó. Desde esa confesión, miles de cosas empezaron a cambiar para mi y muchos años siguientes en mi historia.

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