jueves, 25 de abril de 2013

Urgencias

Ira, desespero, angustia, sueño, locura y en una anécdota más se iba a convertir mi herida, que si fuera a salir en diarios amarillistas como El Espacio o cosas así, yo le pondría de titular algo como:

Quería irse de farra pero termino siendo herida por metalera borracha, 
entro de urgencias y salió con el corazón roto

¿Qué tal el titular?, algo así hubiera sido, con una imagen de mi pie abierto y sangriento, fue la primera vez donde dos tonos predominaron en un solo lugar, al llegar a urgencias todo era de un blanco nada clínico,  más bien como cremoso, con entre blanco hueso y blanco pus, y un rojo intenso que escurría entre los dedos de mi pie derecho y no paraba de gotear. Mi chico del momento me anunció con la recepcionista, tuvimos que esperar alrededor de media hora para que me atendieran, a lo lejos alcanzaba a ver como se abría y cerraba la puerta del médico de turno mientras hacía pasar a los enfermos y heridos.

Una enfermara grito mi apellido, mi chico me ayudo a llegar al consultorio, tras pasar la puerta de madera, el médico y yo quedamos solos, me mira como a un bicho cualquiera, preguntó mi nombre, si estaba ebria o no, dije que me había tomado una cerveza, cosa que era cierta, miro la herida, la sangre y mi cara, para responderme con un "vuelva a la sala, en un momento la llaman para que pase a sutura".

Salí algo descrestada, para él era un chorro de sangre cualquiera, para mi, una explosión de cosas malas que se venían encima y este era el detonante para querer gritar, pero no lo hice, volví a la sala, ahí estaba él, casi desnudo y esperándome, aguardamos unos 15 minutos más y mi apellido fue mencionado por segunda vez.

Entre y un pasillo largo, muy largo me esperaba para que yo llegar al final, la enfermera solo me dijo que entrara a la última puerta a la derecha, mientras caminaba, un montón de gente a derecha e izquierda de mi rango visual llenaban cada centímetro del lugar, viejos, adoloridos, drogadictos, médicos, y un pie que no me dejaba caminar bien, eran mis acompañantes hasta llegar.

Cuando encontré la última puerta a mano derecha, el enfermero me dijo que me sentara de nuevo, a mi lado, un hombre de la calle estaba en algún lugar menos allí, su nivel de toxicidad en el cuerpo era tan alto por una dosis de perico, que un policía me decía que no sentía nada, pero que cuando volviera a ser consiente cada hueso roto le iba a recordar que unas horas atrás lo atropello un carro y tenía varias fracturas, al frente mío en una camilla del mismo tono blanco pus, un chico de cabello largo estaba siendo suturado, el policía también me contó su historia, él al igual que yo, estaba en un bar, pero por borracho se agarro a puños y patadas con otro tipo, y una botella fue reventada en su frente, justo al borde del crecimiento del pelo, así que el enfermero le advirtió que tendrían que raparle ese pedazo, la escena fue algo graciosa, un mechudo rockero que perdía la parte frontal de su pelo, donde además el espacio vacío lo decoraba una linda cosedura clínica, el hombre grito cuando el enfermero le contó lo que debía hacer, otros auxiliares le sostenían los brazos para empezar con el proceso.

El resultado era un mechudo llorón sin pelos en la frente, él se sentó a mi lado y la siguiente paciente era yo, me hicieron recostar boca arriba en la camilla, y mi nueva visión era un reloj del mismo tono blanco, aquel marcaba las 2:15 de la mañana, odio las agujas, así que cuando me contaron que debían anestesiarme no tuve el valor de mirar a otro lado que no fuera el reloj, uno, dos y tres chuzones sentí, bueno el tercero casi fue nulo para sistema nervioso, el enfermero espero unos 3 minutos a que hiciera efecto, y mientras tanto sacó el hilo y la aguja con la que me iba a coser, el proceso duro cerca de unos 7 minutos, fue rápido, cuando me levanté ya estaba limpia, pero en reemplazo del rojo de mi sangre, un hilo azul me sostenía el pedazo de piel.

Al salir, él estaba ahí, mi acompañante, mi chico, mi salvador de urgencias durante la noche, lo recuerdo bien, helado del frío y con cara de angustia, me tomo de la mano y me llevo en taxi a su casa, ese era el principio de otra historia que vendrá después.



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