lunes, 6 de mayo de 2013

Heridas

La noche era lluviosa y en silencio veía cabeza bajo el tapete de rombos de caucho de un taxi que me llevaba a la casa de mi chico, bajo ese negro del ambiente y luces amarillas de los postes nocturnos que iluminaban y se desvanecían en cada cuadra, ninguno de los dos se atrevía a hablar, él por cansancio y yo porque tenía varios motivos.


Subimos por las escaleras de pasito en pasito hasta el cuarto piso, me recostó en su cama y con la luz apagada intentábamos dormir, se que él se durmió primero, mientras yo recordaba el suceso de la noche, a penas vi el sol pude conciliar el sueño.

A la mañana siguiente él debía hacer unas cuantas cosas en la calle, obviamente yo no lo podía acompañar porque mi herida no me dejaba, así que me dijo que se iría a una cita médica en la tarde al norte de la ciudad, no tenía dinero sencillo para irse, así que yo le di los últimos pesos que me quedaban, en realidad no eran más de cinco mil.

Para distraerme mientras lo esperaba de regreso, me dijo - Puedes usar mi computador para entretenerte -

Recuerdo que se fue alrededor de las 11 de la mañana, y me dejo junto a sus dos compañeros de cuarto, un televisor que sintonice en el canal de VH1 para darle algo de fondo musical a ese corto tiempo muerto, y su computador portátil. De saber lo que ahí iba a encontrar, no se si lo hubiera dejado ir o si jamás le hubiera prestado los cinco mil pesos.

La curiosidad mato al gato, dicen por ahí, pero a mi en realidad me partió el corazón, y si de dichos se trata no hay algo más cierto que aquel que dice: el que busca encuentra. De chismosa y cizañera empece a esculcar entre sus archivos, documentos y conversaciones, nada raro había por ahí, nada hasta el momento en el que me dio por revisar sus archivos borrados, en la papelera de reciclaje había un único archivo, era un texto, lo recuperé y lo abrí, el contenido del archivo era una conversación con una tal Natalia, lo recuerdo bien, ambos se citaban para verse ese día, en la hora de la supuesta cita médica al norte de la ciudad, pero en la conversación se revelaban el lugar del encuentro, sería en la puerta principal de un conocido centro comercial, los celos y la ira se apoderaron de mi, me auto mentí por unos momentos, me convencí de la verdad en otros, hasta que tomé la decisión de ir a ver si lo que leí era cierto, pero cómo hacerlo si le di los últimos pesos que tenía, es decir, prácticamente le di vía libre para ir a verse con la fulana aquella, respirar, pensar, y ahí encontré la solución, llame a una amiga para que me auxiliara, ella acepto y en un taxi me fui una hora antes del encuentro de aquel par, mi amiga pagaría por mi porque trabajaba cerca, y sin pensarlo dos veces, me fui.

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