Una
nueva llamada entro a mi celular, pero está vez era una pareja de amigos que
andaba por la zona, dando tumbos y como pude, me fui al baño a contestar,
hablaba entre dientes les dije dónde estaba, quedamos en vernos más tarde, y
mientras tanto yo seguía ahí, en un lugar impensado con gente desconocida y un
tipo que me tenía ganas, obviamente, yo tampoco no era una santa.
Entre
más pasaba la noche, el grupo de gente también se emborrachaba, el tipo que me
había levantado era una rubio de cabello largo y crespo, ojos verdes, barba y
de contextura delgada, perfecto para quitarme ese mal sabor de boca que me dejo
el hecho de que unos días antes había encontrado a mi ex con otra, no se
ustedes, pero para mi era el papayaso perfecto de culminar con una clase de “venganza”.
La
noche iba llegando a su final, todos estábamos muy borrachos, y él al oído me
dice - ¿Te vas conmigo? -, obviamente no iba a decir que no, mis amigos
volvieron a llamar, y tuve un último segundo para cambiar el rumbo de la
historia, pero no lo hice, deje que me llevara a su casa, nos reímos de los
tumbos que tuvimos que dar para poder subir al piso donde quedaba su
habitación, entre besos, agarrones de carne, afán por quitarle el cinturón,
luego el pantalón y demás, terminamos la noche con una sesión de sexo
apasionado y con muchas ganas.
A
la mañana siguiente, tendría que encontrar una sorpresa para saber que lo que
hice, no estaba tan mal al fin y al cabo.

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