Llegué una hora antes al lugar del encuentro, entre los cortos pasos que podía dar y el sigilo que debía tener para ver lo que pasaría, logre llegar al segundo piso del centro comercial, la cita era en la entrada principal y desde ahí tenía vista VIP para ver la escena que pasaría en la primer planta, me quedé en ese lugar, recostada sobre una baranda, vi pasar mucha gente, lo recordé todo de nuevo, quise que todo fuera mentira y de repente apareció acelerado luego de cincuenta minutos de mi espera, como si por alguna razón quisiera estar más temprano que ella en el lugar, faltaban unos diez minutos antes de la hora pactada, subió por un ascensor que yo podía visualizar desde donde estaba y se dirigió directo al baño, a arreglarse me supongo, para da una buena impresión, imaginé su cara frente al espejo, se lavaría las manos, arreglaría su barba, plancharía la camiseta blanca que llevaba puesta, miraría su reflejo y saldría listo para verla.
De pasito en pasito le seguí el camino, a unos 3 metros de distancia me fui tras de él, al llegar de nuevo al primer piso se quedo esperando en la puerta de entrada, dos minutos para cumplir la cita, yo me refugié detrás una columna cercana a la puerta, mientras que un minuto faltaba para que el corazón se me volviera añicos, ahí entraba ella, entre la gente que pasaba y la posición que él hizo para saludarla no me di cuenta del tipo de beso que le dio luego de decirle "hola", pero no era necesario un beso, solo agarrarla de la mano me garantizo que algo estaba pasando, seguí mi táctica Nat Geo, del homo sapiens detrás de la presa, en silencio y sigilosa seguí a la pareja.
Su cara de alegría cambió a una de asombro mientras giraba el rostro para mirarme, reconoció mi voz de inmediato y mientras nuestros ojos volvían a verse le soltó la mano a su amante y dijo - ¿Qué haces aquí? - con una voz nerviosa y con cara incrédula, nos vimos a los ojos unos dos segundos previos al estallido de emociones que la situación ameritaba, la vi a ella y rompía a llorar, me deshice en pedazos frente a los dos y la muy cretina dice - ¡Cálmese por favor! -.
Calmarme era lo que menos podía hacer en ese momento, lo mire con mis ojos aguados y me vio con ira, o no se si era otra clase de sentimiento, yo pregunté - ¿Desde hace cuánto? -. Él salió corriendo, cobarde, poco hombre y miserable, nos dejaba a las dos ahí, frente a frente, la muy idiota pudo decirme un par de palabras más - Mire, yo tengo esposo, esto es algo pasajero - , qué estúpida, pensé, esas palabras sobraban, ese momento sobraba, mi presencia sobraba. Salí corriendo como pude, necesitaba llamar a mi amiga para que me rescatara, no tenía un peso, solo un par de monedas para contactarla, me dijo que tomara un taxi y que ella lo pagaría, así que me fui a su oficina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario