miércoles, 20 de marzo de 2013

Intentar



Y por supuesto que llegó la llamada, entre tantos estudiantes había sido yo la elegida. El siguiente paso se llamaba “llena de felicidad”, la vida me sonreía, iba a entrar a una gran agencia, porque es de las más grandes la que me había elegido para empezar. Me dieron un listado de papeles que debería reunir para poder ingresar y hacer contrato, esa misma semana me pidieron volver a las oficinas para llenar una de esas hojas de análisis psicológico, era un jueves, lo recuerdo bien, al salir me dijeron que alistara todo para entrar el lunes inmediatamente. La dicha no me cabía, iba a aprender montones, además no sería de esos pasantes sin pago, tendría un sueldo, un horario y un pasaporte directo a realizar mis sueños en el mundo de la producción audiovisual publicitaria.

El fin de semana me fui de compras, los chiros y arapos que llevaba a la universidad no eran dignos de una gran agencia publicitaria, de una multinacional, tenía que verme a la altura.


Llegué el lunes muy a las 8:30 de la mañana en punto a firmar contrato, cuando de repente la señora de recursos humanos me llevo a su oficina para hablar conmigo, el puesto ya estaba ocupado, la razón era que un supuesto error en mi prueba psicológica no le había gustado a mi futura jefe. ¿Qué?, ¿es en serio?, póngame a trabajar y analice si funciono o no, ¿cómo me va a arrancar la esperanza de esta manera?, y yo, que soy bien orgullosa no tuve otra salida en mi inexperta vida laboral de decir “ok, gracias por tenerme en cuenta”, eso era un seguiré intentando así este vuelta mierda. Horarios de filmación, coordinación de locución, citas con el editor, todo todo, a la mismísima mierda, sueños a la caneca y una razón pendeja por la que me cerraron la puerta de las oportunidades en la cara. Mi siguiente paso y el más lógico, seguir buscando empleo, con las ganas por el piso, con la desilusión en mi cara y una presión de la universidad que debía terminar en elegir una de sus opciones de pasantías no pagas, o ubicarme rápidamente en lo que sea, ahora mi afán era más grande, porque la plata que tenía me la gaste en ropa que ya no necesito y sin un peso en el bolsillo la cosa se iba a poner peor.

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