Y por supuesto que llegó la llamada, entre tantos estudiantes había
sido yo la elegida. El siguiente paso se llamaba “llena de felicidad”, la vida
me sonreía, iba a entrar a una gran agencia, porque es de las más grandes la
que me había elegido para empezar. Me dieron un listado de papeles que debería
reunir para poder ingresar y hacer contrato, esa misma semana me pidieron
volver a las oficinas para llenar una de esas hojas de análisis psicológico, era
un jueves, lo recuerdo bien, al salir me dijeron que alistara todo para entrar
el lunes inmediatamente. La dicha no me cabía, iba a aprender montones, además
no sería de esos pasantes sin pago, tendría un sueldo, un horario y un
pasaporte directo a realizar mis sueños en el mundo de la producción
audiovisual publicitaria.
El fin de semana me fui de compras, los chiros y arapos que llevaba a
la universidad no eran dignos de una gran agencia publicitaria, de una
multinacional, tenía que verme a la altura.
Llegué el lunes muy a las 8:30 de la mañana en punto a firmar contrato,
cuando de repente la señora de recursos humanos me llevo a su oficina para
hablar conmigo, el puesto ya estaba ocupado, la razón era que un supuesto error
en mi prueba psicológica no le había gustado a mi futura jefe. ¿Qué?, ¿es en
serio?, póngame a trabajar y analice si funciono o no, ¿cómo me va a arrancar la
esperanza de esta manera?, y yo, que soy bien orgullosa no tuve otra salida en
mi inexperta vida laboral de decir “ok, gracias por tenerme en cuenta”, eso era
un seguiré intentando así este vuelta mierda. Horarios de filmación,
coordinación de locución, citas con el editor, todo todo, a la mismísima mierda,
sueños a la caneca y una razón pendeja por la que me cerraron la puerta de las oportunidades
en la cara. Mi siguiente paso y el más lógico, seguir buscando empleo, con las
ganas por el piso, con la desilusión en mi cara y una presión de la universidad
que debía terminar en elegir una de sus opciones de pasantías no pagas, o
ubicarme rápidamente en lo que sea, ahora mi afán era más grande, porque la plata que tenía me la gaste en ropa que ya no necesito y sin un peso en el bolsillo la cosa se iba a poner peor.

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