De vuelta a casa, con las ganas en el piso y en compañía de mi
ex, a quien días antes le había terminado confesándole que iba a estar con otra
persona, iba a estar con alguien que tenía mil defectos, mientras yo sabía que
ese que me acompañaba era perfecto. Así somos las mujeres, el amor se hizo para
dejarlo cuando lo encuentras tan joven, o no sé, así pienso yo, una larga vida por
delante como para amarrarla a alguien, no es justo.
Él se enteró de todo lo que me estaba pasando, cómo un sueño
se me fue de las manos porque en este país le creen más al resultado de una
prueba que al día a día y esfuerzo profesional que tiene talento y ganas por
demostrar. Lo peor era que lo dejaba por otra persona, él me vio llorar, gritar
de la rabia, preguntarme ¿Y ahora qué voy a hacer?, no recuerdo con exactitud
sus palabras pero fueron algo así como: ¿Ves lo feo que se siente que elijan a
otro en vez del que realmente tiene ganas de darlo todo?, eso me puso los pelos
de punta, él sabía que yo iba a estar con otra persona, mientras que yo sabía
que mi cargo lo iba a disfrutar otro estudiante.
De las mejores lecciones de vida que me pudo dar ese chico
de cabello oscuro y rizos en su pelo, fue esa, porque de ahí en adelante la
vida me cambió montones.
Con un panorama incierto, el corazón vuelto mierda y la
universidad exigiéndome pasantías obligatorias, mi mundo estaba cambiando, al
fin y al cabo, eso es parte de lo que la gente mayor llama “crecer”.

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